La reciente reunión entre Donald Trump y Xi Jinping en Beijing ha puesto de relieve la creciente potencia manufacturera de China, que ha experimentado un notable crecimiento en sus exportaciones. En abril, las exportaciones manufactureras chinas crecieron un 14,1% en comparación con el año anterior, un aumento significativo respecto al 2,5% registrado en marzo. Este crecimiento se mide en términos de dólares constantes, lo que subraya la fortaleza de la máquina manufacturera china en el contexto del comercio internacional.
Este fenómeno se produce en un momento en que las importaciones chinas también han mostrado un aumento considerable, alcanzando un 25,3% anual en abril, aunque con una ligera disminución respecto al 27,8% del mes anterior. Estas cifras superan las expectativas del mercado, que proyectaba un crecimiento del 8,5% para las exportaciones y del 20% para las importaciones. Como resultado, el superávit comercial de China se elevó a 84.800 millones de dólares en abril, un incremento notable respecto a los 51.100 millones de dólares de marzo, lo que sugiere que el récord de 8,1 billones de dólares en superávit comercial de este año podría ser superado.
Sin embargo, este crecimiento en el comercio exterior se produce en un contexto de contracción de la demanda interna en China, que se encuentra en una fase deflacionaria. Esta combinación de un superávit comercial masivo y una recesión doméstica plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del modelo económico chino, que depende en gran medida de sus exportaciones.
La reunión entre Trump y Xi se centró en la cuestión del comercio internacional y la alta tecnología, con Estados Unidos buscando triplicar sus exportaciones de alta tecnología a China. Este objetivo incluye productos avanzados de inteligencia artificial, con Nvidia, la mayor empresa de alta tecnología del mundo, desempeñando un papel crucial en la delegación estadounidense. La cotización de Nvidia ha superado los 5 billones de dólares en el mercado bursátil, lo que refleja su importancia en la economía global.
Por otro lado, China enfrenta el desafío de reducir su superávit comercial de 1,6 billones de dólares anuales, lo que implica una disminución de sus inversiones en su sector manufacturero. Este proceso es esencial para evitar la desindustrialización de otras economías y para equilibrar su relación comercial con Estados Unidos.
La reunión de Beijing no solo aborda cuestiones económicas, sino que también se sitúa en un contexto más amplio de competencia geopolítica y tecnológica entre Estados Unidos y China. La primacía estratégica de Estados Unidos, que ha integrado la inteligencia artificial en su economía y sociedad, se enfrenta a la necesidad de China de adaptarse a un nuevo orden mundial que podría redefinir las dinámicas del comercio y la tecnología en las próximas décadas.