El inicio del año 2026 ha traído consigo un panorama desolador para el consumo masivo en Argentina. Según el último informe de la consultora Scentia, las ventas de productos masivos cayeron un 7% en enero en comparación con diciembre de 2025. Este desplome es un reflejo claro de la crisis económica que atraviesa el país, caracterizada por ingresos en caída y una inflación que no cesa. La situación se agrava aún más al observar que, en comparación con enero de 2025, las ventas también disminuyeron un 1,1%, consolidando un ciclo contractivo que ya se había evidenciado durante el año anterior.
La retracción del consumo ha sido generalizada, afectando tanto a grandes cadenas de supermercados como a autoservicios independientes. En el caso de las grandes cadenas, la caída fue alarmante, alcanzando un 15,4% en comparación con diciembre, mientras que en los comercios de cercanía, el retroceso fue del 12,5%. Estos datos indican que no solo se trata de un efecto estacional post-fiestas, sino que se manifiesta una tendencia estructural vinculada a la crisis económica que golpea a los hogares argentinos.
El informe de Scentia, que se basa en una muestra de más de 8.000 puntos de venta en todo el país, revela que incluso en segmentos tradicionalmente más estables, como alimentos y artículos de higiene, se han observado caídas significativas en el volumen de ventas. En algunos rubros discrecionales, la baja interanual casi alcanza el 10%. Esta situación es particularmente preocupante, ya que los autoservicios independientes han acumulado una contracción superior al 20% en el último año, mientras que los supermercados, aunque presentan una baja más moderada, también sufren un impacto considerable.
La relación entre la caída del consumo y la inflación persistente es innegable. A pesar de que las ventas pueden mostrar incrementos en términos nominales debido a los precios elevados, al medir las unidades comercializadas, el retroceso es evidente. Los consumidores se ven obligados a priorizar productos básicos, reduciendo sus compras en categorías no esenciales. Este ajuste en el gasto refleja la pérdida de poder adquisitivo que afecta a la mayoría de los hogares argentinos, que se ven forzados a ajustar su presupuesto ante un panorama económico incierto.
Con un primer trimestre que se perfila lleno de señales de alerta, la situación del consumo podría seguir deteriorándose si la inflación se mantiene en niveles elevados y no hay una recuperación clara de los ingresos reales. Las ventas dependen cada vez más de descuentos, financiación y promociones agresivas para sostener el volumen, lo que pone de manifiesto la fragilidad del mercado interno. En este contexto, el Gobierno no parece tener planes de expansión, lo que podría agravar aún más la crisis económica que enfrenta el país.