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El Trilema Económico del Gobierno Argentino: Reservas, Inflación y Actividad

16/03/2026 16:00 5 min
El Trilema Económico del Gobierno Argentino: Reservas, Inflación y Actividad

El Gobierno argentino se enfrenta a un complejo trilema que involucra la necesidad de incrementar las reservas, reducir la inflación y relanzar el nivel de actividad económica, todo ello de manera simultánea. A pesar de que el Banco Central ha estado comprando dólares a un ritmo considerable, el riesgo país no ha mostrado una disminución significativa, y la inflación se mantiene en un preocupante 2,9% mensual. Además, no se observan señales claras de reactivación en el nivel de actividad económica.

Las políticas oficiales y el diagnóstico del Gobierno no han cambiado, confiando en que la persistencia del “ancla fiscal” logrará eventualmente que la inflación ceda, que el Banco Central continúe comprando dólares y que el poder adquisitivo de la población se recupere, lo que a su vez debería impulsar el nivel de actividad. Sin embargo, este enfoque depende de que las expectativas de los agentes económicos se alineen con la narrativa oficial, algo que actualmente no está ocurriendo, evidenciando una creciente divergencia entre los objetivos planteados y los logros alcanzados.

La reciente escalada del conflicto en Medio Oriente ha contribuido a mantener un alto riesgo país, lo que subraya la necesidad de que Argentina avance en la clarificación de su programa financiero en un contexto global volátil. El Gobierno ha optado por no seguir el camino de Ecuador, que implementó una administración de pasivos para extender los vencimientos de deuda, lo que ha llevado a que la brecha entre el riesgo país de Argentina y Ecuador se amplíe de 70 a 100 puntos en el presente año.

En medio de este panorama, la renuncia del secretario de Finanzas, Alejandro Lew, ha generado incertidumbre. A pesar de que Argentina se beneficia de un superávit energético equivalente al 1,5% del PIB, en comparación con el déficit de otros países de la región, las expectativas de inflación han aumentado. Según la última encuesta del Centro de Investigación en Finanzas (CIF) de la Universidad Torcuato Di Tella, la inflación esperada por la población para los próximos 12 meses ha subido al 35,7% anual, desde el 31,5% anterior.

Frente a este contexto, el Gobierno ha decidido adoptar medidas más restrictivas, como limitar la oferta de pesos para controlar la inflación y anunciar que no emitirá deuda bajo legislación extranjera, buscando así hacer más escasa la circulación de bonos soberanos en el mercado internacional. Sin embargo, para que estas políticas sean efectivas, es crucial que la población mantenga los pesos en circulación y que la demanda de bonos argentinos en el mercado global aumente.

La decisión de no emitir nuevos bonos de deuda, en lugar de optar por un canje similar al de Ecuador, se enfrenta a la realidad de que Argentina tiene vencimientos de deuda externa que ascienden a 31 mil millones de dólares hasta finales de 2027, sin contar los compromisos con organismos internacionales. A pesar de las compras en el mercado, las reservas netas del Banco Central han disminuido en 2 mil millones de dólares en lo que va del año.

La colocación exitosa de los Bonar 27 en el mercado doméstico, que podría aportar 2 mil millones de dólares hasta mediados de año, debe considerarse como un complemento a otras emisiones, no como un sustituto. La política monetaria ha sido contractiva, retirando pesos del mercado, lo que es problemático para el relanzamiento del crédito. Para que esta estrategia funcione, es esencial que la demanda de dinero aumente, lo cual está condicionado por las expectativas de inflación.

El conflicto en Medio Oriente también resalta la importancia del gas como un factor de competitividad para las industrias que dependen de insumos energéticos, así como el rol de Argentina como proveedor confiable de energía y minería en el contexto global. Sin embargo, el país se encuentra en una fase de “siembra” con proyectos en desarrollo, pero con una “cosecha” aún modesta.

La escalada de precios del petróleo, impulsada por el conflicto, podría tener efectos temporales o duraderos en la economía mundial. La situación política en Estados Unidos y la postura de los países árabes también influirán en la dinámica del conflicto. Si la situación se prolonga, la economía global podría entrar en un ciclo de estanflación, lo que representaría un desafío adicional para Argentina, dado sus vencimientos de deuda.

Para resolver el trilema económico, es crucial reducir la prima de riesgo país, lo que podría facilitar el financiamiento externo necesario para que la variación del PIB en 2026, estimada en un 3%, se materialice. La mejora en la reducción de la inflación será imperceptible, por lo que el empleo se convierte en la variable clave. Una disminución sostenida del riesgo país podría atraer capitales genuinos, permitiendo cubrir el déficit de cuenta corriente sin necesidad de alterar significativamente los precios relativos.

Sin embargo, si el riesgo país no disminuye y la confianza se erosiona, el tipo de cambio podría convertirse en la variable de ajuste, afectando el consumo debido a la subida de precios. Con el riesgo país por encima de 500 puntos y las tasas de los bonos del Tesoro de EE. UU. superiores al 4% anual, la tasa de interés local se ve presionada al alza, complicando aún más la situación económica. La mora crediticia de las familias ya supera el 10%, lo que añade otra capa de complejidad a la situación. Por lo tanto, es fundamental reconsiderar la opción de un canje de deuda al estilo ecuatoriano, aunque implique reconocer cupones de interés elevados.

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